En la calle P. Obligado, de Villa Maipú, partido de San Martín, provincia de Buenos Aires, República Argentina, se abre al público la feria callejera todos los sábados, llueve, granice o se declare un tsunami.
Si bien no estoy seguro que los controles bromatológicos existan, tiene cierto encanto ver cosas como las que aparecen en las siguientes imágenes. Me trae recuerdos de un gran relato, aunque algo antirrosista, escrito por un joven Esteban Echeverría, "El Matadero".

Han utilizado una foto mía para ilustrar la gran Fiesta del Poncho del año 2007, lo cual me halaga mucho. Anduve por ese evento maravillado y fotografiando a lo bobo. Gracias periódico salteño El Turista!
38° Fiesta Nacional e Internacional del Poncho

Gracias a mi amigo catamarqueño, Rodolfo Lobo Molas, que envió mis fotos al periódico donde colabora!!!
No es por alardear, pero me he sacado un 8,50. Me tenía menos fe que en el parcial anterior, es la verdad. Ahora me bejó un cansancio tremendo. Quiero dormir las dos semanas del receso y pensar en cómo hacer para vivir sin el presentismo y el día que me descontará Mauricio por haber adherido al paro docente de ayer jueves.

La profesora María Paz Colla me chusmeó que en la sucursal Plaza de Mayo del Banco Nación cambian hasta cien pesos en monedas. Obviamente fui, porque no hay nada que me angustie más que correr todo el día gastando las monedas tan necesarias, y peleándome con todo el mundo que necesita y no tiene cambio.
Me encontré con una cola infernal. Más de dos horas de cola, de pie. Terminé un libro en la espera (El Río Oscuro, de Alfredo Varela). Llegué y había un solo cajero, uno solo, haciendo el trabajo de embolsado y canje utilizando una máquina cuentamonedas.
Se sabe que está prohibida la utilización de celulares dentro de los bancos, pero me las ingenié para hacer esta toma, donde se ve la escalera (hermosa y elefantiásica, eso sí) y las cabecitas de los poco afortunados que llegaron después que yo.
No sé si recomendarles la experiencia. No sé si vale la pena perder tanto tiempo. A lo mejor está bueno conocer ese banco por dentro. Es un edificio inmenso, hermoso, y recuerda a las obras agigantadas de la arquitectura fascista (o peronista).

A mí me gusta cuando los artistas animan un lugar tan sombrío como las profundides húmedas y calurosas del subte, donde lo único que se oye es el ensordecedor ruido del tren, y, cuando éste se va, esa música pasteurizada y estúpida de los televisores y sus publicidades.
Los chicos del reggae suelen estar en la estación Callao, equipados como para un show completo.
Temprano, como 15 días antes, el 2 de Julio cerca del mediodía llegó Bruno, mi 4° sobrino. Bienvenido!







Soy Leandro, argentino, eterno estudiante de Castellano, Literatura y Latín. En este minuto tengo 37 años, trabajo en colegios de la Ciudad de Buenos Aires, y me he aprovechado de la banda ancha pagada por sus ciudadanos para hacer este blog. Pienso descargar mi corazón cada tanto, y molestarlos con mis gustos y placeres.