Publicidad:
Terra
La Coctelera

Perros en Villa Maipú

Nos encantan los perros, son nuestros amigos. Y no sé si esta imagen me gusta. Verlos así... Bueno, toman aire, pasean, a lo mejor la pasan bien, qué se yo.

De Josefina Ludmer

"Nos interesa especialmente el gesto del superior que consiste en dar la palabra al subalterno; hay en Latinoamérica una literatura propia, fundada en ese gesto. Desde la literatura gauchesca en adelante, pasando por el indigenismo y los diversos avatares del regionalismo, se trata del gesto ficticio de dar la palabra al definido por alguna carencia (sin tierra, sin escritura), de sacar a luz su lenguaje particular. Este gesto proviene de la cultura superior y está a cargo del letrado, que disfraza y muda su voz en la ficción de la transcripción, para proponer al débil y subalterno una alianza contra el enemigo común".

"Tretas del débil" Josefina Ludmer

Una historia del Comandante Rogelio

La primera historia del Comandante Rogelio, un descendiente de calchaquíes algo particular. Lean y comenten, please!

Read this document on Scribd: El Comandante Rogelio se enamora

El primer parcial

Me había olvidado de cómo era. Y me preparé como nunca. Nunca, pero nunca, preparé un parcial como lo hice para este.
Gramática II
La cursé como 5 veces. Probé en el turno tarde (cuando sólo trabajaba por la mañana) y varias veces en el turno noche. Siempre la misma profesora: Mabel Morano. En aquellos días existía sólo esa cátedra. No la entendía, no tenía las pilas puestas, sentía que su mirada me decía que yo era un inservible. Muchas razones para rebotar. Nunca me presenté a un final, todos se me vencieron. Después me enteraría que muchos alumnos quedaron en esta especie de filtro que es Gramática II.

En esta nueva etapa, quise que fuera distinto. Me propuse prepararme clase a clase, leyendo apuntes y haciendo toda la ejercitación, aunque no me saliera o hiciera desastres. Fui entendiendo los textos, y hasta me sorprendía de conceptos (como el del triángulo de Hellwag!) que nunca había entendido en años anteriores... y ahora se me hacían tan sencillos!

Y allí fui. Ayer, jueves. El primer parcial de mi nueva vida en el profesorado sería de esa materia, la que había logrado vencerme, y hasta convencerme de que esa carrera no era para mí. Lo esperé tranquilo. Recordé que antes sufría de ataques de pánico, los que me valieron dos años de terapia psicológica. Y la fotocopia me fue entregada. Y el parcial me pareció sencillo. Y respondí todo.

El jueves que viene me dan los resultados. Ayer no dormí pensando en que las respuestas podrían haber estado mejor, o en si había hecho bien los ejercicios...

Mi celular

Hace un año pensaba y decía que tener un celular era lo menos. Veía a tanto inútil con uno que no podía dejar de hacer la comparación: inútil en la vida = celular. También decía que si se logró la civilización que se logró sin celulares, para qué quería uno. Hasta que por diversos motivos (digamos que alguien me empujó a adquirir uno para lograr una comunicación más fluida) me compré uno. Busqué y pregunté hasta que me decidí por un Nokia 6131, negro. Estuve casi dos meses hasta que lo aprendí a utilizar, y fue invalorable la ayuda de tantos amigos y conocidos para lograr que el aparato se convierta en algo fundamental en mi vida cotidiana, a saber:
1.- Mensajes y llamadas telefónicas. Uff, gasto bastante en esto. Todo el día afuera, el estudio, el trabajo...
2.- Cámara fotográfica. Bajo ciertas condiciones de luz natural, la cámara de 1.3 megapíxel del celu saca mejores fotos que mi cámara digital, una Fuji de 2 megapíxeles. Voy por la calle y algo me parece copado, listo, foto! Los videos no salen buenos, pero valen como recuerdo.
3.- Despertador.
4.- Agenda. Cualquier cosa que pase o cualquier dato que necesite recordar, va a la agenda. Llegado el momento, el celular vibra y me avisa.
5.- Aviso de cumpleaños de todo el que halla ingresado y figure en mi lista de contactos.
6.- Radio. Tengo 4 radios seteadas que cambio con un simple toque en el botón que viene en los auriculares. Mi preferida es Kabul, pero también tengo la 100 (por Petinato a la mañana, después vuela), Millenium (la única radio que te pone dos o tres temas de los Beatles por día, aunque cuando empiezan a evangelizar, vuela!) y Radio Nacional Folklórica. Venirse a la noche en el 127 con unas chacareras en los oídos es lo más.
7.- Reproductor de mp3. No tengo una memoria muy grande, apenas entran dos discos completos. Ahora sólo tengo "Bone Machine", de Tom Waits. Impresionante obra, hermosos temas y esa voz tan urbana, tan sacada, tan real.
8.- Juegos. El sudoku me puede, y también el fulbito. ¡Salí campeón en el modo difícil! Eso sí, en automático. No quiero jugar con el manual porque quiero que me dure el teclado.
9.- Notas. Ya no uso libretas. Ideas, impresiones, ocurrencias, datos que encuentro en la calle, dudas que surgen, todo es motivo de una nota que me aguardará hasta que quiera modificarla, expandirla, o utilizarla en mi beneficio.
Estoy agradecido con este aparato. En 10 días pagaré la última cuota. La única contra es que algunos reciben mis mensajes mezclados, aunque no sé si es el celu o la empresa que me presta el servicio de comunicación. Ahora pienso que sería difícil acostumbrarme a vivir sin celular.

Otro show de Rosario

A lo mejor digo pavadas, pero Rosario Bléfari me hace acordar a Elis Regina. Las dos cantaban sonriendo, disfrutando, elevándose y entregadas.
Era el cumpleaños de mi hermana, y Marcela me sugirió que fuera con ella, con mi hermana, digo. El show estaba pautado para las 2 de la mañana. Hasta esa hora me quedaban 11 horas de trabajo y cuatro de cursada en el profesorado. Nunca pero que nunca habíamos asistido a un espectáculo a esa hora (bueno, sin contar a tíos borrachos en algún casamiento o fiesta de 15). Y Mariana me acompañó. Cenamos en su departamento, salimos tarde, caminamos por la ciudad. También era nuestra primera vez en Niceto, ni siquiera sabíamos por dónde se entraba. Y escuchábamos desde afuera que Rosario cantaba probando sonido.
Entramos a una sala donde una banda tecno hacía un show de clase alta. Y después pasamos a la sala más grande. Mariana exclamó: "Uy, se parece a Cromañón". Hicimos cuernitos con los dedos, y nos sentamos en un banco de madera a esperar. Mientras, mirábamos la fauna. Cuánto joven luchando por pertenecer.
A la hora señalada, el ruido comenzó. Rosario pasa un momento punk, pero teñido de su encanto y su alegría. La banda es una bestia que se arroja sobre nosotros, y su voz de niña nos enternece al mismo tiempo. Su traje de tweed pone la cuota de moda, y yo bailo y canto (ahora sí suenan canciones que me sé). Pero el show es corto, media hora, diez o doce canciones. Ella se va disculpándose. Al segundo, la música house lo invade todo, y huimos. A las cuatro de un viernes de mayo ya estaba en la cama.
Aclaración y disculpa: la foto que sigue la saqué yo con la cámara de Mariana. Podría haberme acercado más, es verdad. Lo recordaré en la próxima.

Poesía chilena contemporánea

CUIDADO CON EL PERRO QUILTRO
Me gustaba que se llamase Yasna, me gustan los nombres que avisan la pobreza, esos nombres como Jhonatan y Jenifer, esos nombres que dicen cuidado con el perro quiltro, que marcan terreno, que avisan la selva. La Clase Media hace chiste con esos nombres, les parecen ridículos y graciosos sobre todo cuando son deformaciones anglo que se mezclan con un pobre Pérez o un pobre Carrasco, se ríen y en la noche se van a la fiesta kitsh de La Blondie. Se llamaba Yasna y la amé tanto. La clase media se ríe en función de los nombres connotadores de pobreza, ahí intentan marcar su diferencia, sus privilegios, su idílico origen común, pero la Clase Media omite los apellidos, ellos también son Martínez y Hernández, aunque antecedidos por Camilos, Ignacios y Franciscas. No se meten con los apellidos, porque desde ahí son desplazados. Lo que representa Deivid para la Clase Media, es lo mismo que representa Soto para la Clase Alta. Se llamaba Yasna Rivas y la amé tanto.

Autor: Pablo Paredes
Aclaración I: un perro quiltro es un perro callejero.
Aclaración II: La Blondie es la disco de moda en Santiago de Chile.

Un show de Rosario

Teatro de San Telmo, jueves, bien tarde, lluvia.
Rosario sale a presentar nuevas canciones, y así se anuncia: "Sólo nuevas canciones". Allí voy. Es la primera vez que asistiré a un show de su nueva etapa solista. Y quedo alucinado. Integro de pronto la urbana necesidad de un poco de música, de arte que tenga que ver conmigo, con mi corazón, y que salga por fin de aquello que nos arrojan diariamente en los medios. Basta de comer eso ya masticado, amigos.
Rosario sonríe en el escenario, se la ve disfrutar entre el ruido y las pifias. A veces se pierde tanto que queda cómico verla confundirse cuando una canción termina y ella sigue bailando, ida en un goce que se transmite a nosotros, que la vemos extasiados.
Claro, no podemos cantar con ella. No nos sabemos las canciones nuevas, y eso hace que el show tenga su encanto. Aplaudimos, y alguien grita: "Hacé otra vez esa que dice Navidad". Salí contento, me fui a buscar el 111. Siento que la música de Rosario, su voz, su alegría, también son míos.
Y en casa, unas milanesas me esperan. Mi nueva vida tiene su sufrimiento, tal vez algún sentimiento de culpa, pero vale la pena.